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Llevando vida en Cristo Jesús

hebreo: Shelômôh, "pacífico (apacible)" o "paz"; aparece en hebreo en la manija de un jarrón antiguo; moab. Shlmn; ac. Shalamânu; ár. Suleimân; griego: Solomon).

Hijo de David y Betsabé (2 Samuel 12:24; 1 Crónicas 3:5), y 3ro y último rey del reino unido de Israel. Reinó desde el año 971 al 931 antes de Cristo. En un pasaje se lo llama Jedidías, "amado de Jehová" (2 Samuel 12:25). Posiblemente éste era su nombre personal, y Salomón su nombre oficial; o al revés.

I. Ascensión al trono.
Salomón llegó a ser rey poco antes que su padre muriera, y le debió su corona a la vigilancia y la atención del profeta Natán. Al enterarse de que Adonías, el hermano mayor de Salomón, apoyado por Joab, iba a ser proclamado rey, el profeta influyó sobre David por medio de Betsabé para que actuara prestamente.

En respuesta a esto, Salomón -apoyado por Sadoc el sacerdote, Benaía, un militar de alta jerarquía, y la guardia personal de David- prestamente fue proclamado rey. Esta rápida intervención le puso fin inmediatamente a la conspiración de Adonías (1 Reyes 1:5-40).

Después del fallecimiento de David, Salomón aplicó la pena de muerte a sus más violentos opositores. A los menos violentos los obligó a renunciar a sus cargos, los exilió o los puso bajo vigilancia (capítulo 2).

Por ese tiempo se casó con una princesa egipcia (1 Reyes 3:1), probablemente la hija de uno de los últimos faraones de la 21ª dinastía. En una visita que hizo a Gabaón, donde se encontraba el tabernáculo del Señor en ese momento, tuvo un sueño en el cual Dios le pidió que le dijera cuáles eran sus deseos, y le prometió que se los concedería.

Como respuesta pidió sabiduría, lo que agradó tanto a Dios que le prometió riquezas y honores, además de lo que había solicitado (1 Reyes 3:4:15; 2 Crónicas 1:3-13).

Su sabiduría se vio sometida a prueba cuando se le pidió que arbitrara en un pleito entre 2 mujeres acerca de la posesión de un bebé (1 Reyes 3:16-28). La sentencia pronunciada en este caso llegó a ser proverbial, e hizo tal impresión entre los hombres que fue motivo de expresiones artísticas en el mundo antiguo.

II. Reinado.
Las relaciones de Salomón con los otros países durante los 40 años de su reinado fueron generalmente buenas. Por medio de su casamiento con la princesa egipcia pudo posesionarse de la ciudad de Gezer que permanecía en manos cananeas hasta ese momento (1 Reyes 9:16).

Libró sólo una batalla contra Hamat de Soba para asegurarse sus posesiones septentrionales (2 Crónicas 8:3). Hizo un tratado comercial con Fenicia (1 Reyes 5:1-12). Aparentemente también tuvo buenas relaciones con otras naciones vecinas, como ser Amón, Moab, Edom y las ciudades-estados heteas del norte de Siria, países desde los cuales traía mujeres para su harén (11:1; 14:21).

Incluso se relacionó con la lejana Sabá del sur de Arabia (10:1-13). En el desierto edificó la ciudad de tránsito, Tadmor* (2 Crónicas 8:4), y llevó adelante una floreciente relación comercial con muchas naciones circundantes: compró caballos en Cilicia e importó carros de Egipto, que luego exportaba para los príncipes de las regiones septentrionales (1 Reyes 10:28-29).

También organizó divisiones de carros como parte de su ejército, y construyó ciudades fuertes entre las cuales figuran especialmente Hazor, Meguido y Gezer (1 Reyes 9:15-19; 10:26).

Las excavaciones practicadas en Meguido han permitido descubrir grandes establos que podrían corresponder a la época de Salomón o de Acab, y una gran puerta del tiempo de Salomón (fig 496) que corresponde tanto en tamaño como en diseño a las puertas del templo que describe Ezequiel. Otros pórticos de idéntico estilo han sido excavados en el nivel de Salomón en Hazor (fig 495) y en Gezer.

Las exploraciones llevadas a cabo por Nelson Glueck en Edom han permitido descubrir las minas de cobre que explotaba Salomón. Las excavaciones dirigidas por Glueck en Ezión-geber y en el Golfo de Aqaba demostraron que se trataba de una ciudad que era a la vez un depósito y un puerto, desde el cual partían los barcos de Salomón (tripulados parcialmente por fenicios) con rumbo a Ofir (probablemente Somalía en el Africa oriental) para traer oro. Sus "naves de Tarsis" traían monos, marfil, pavos reales, etc. (1 R. 9:26-28; 10:11, 22). Véase Tarsis item 2.

Salomón dividió Israel en 12 provincias administrativas, que no correspondían totalmente con los límites de las tribus. Las administraba un eficaz cuerpo de funcionarios, algunos de los cuales estaban relacionados con el rey mediante vínculos matrimoniales (1 R. 4:1-19).

Para llevar a cabo sus numerosas construcciones, Salomón recurrió a un sistema de trabajos forzados que con el tiempo se volvió muy impopular (5:13-16; 9:15, 20, 23). Además de sus trabajadores, Salomón reclutó una gran cantidad de israelitas para su infantería, sus carros de guerra y su caballería (1 R. 9:22).

Bib.: FJ-AJ viii.7.2.

III. Actividad edilicia en Jerusalén.
Por muchos años la atención de Salomón se concentró en el embellecimiento de su capital. Su padre, David, a quien no se le había permitido edificar el templo, había reunido muchísimo material de construcción para ese edificio (1 Cr. 29:28, cf 17:4), y había comprado un terreno ubicado al norte de "la Ciudad de David", el antiguo monte Moriah.

Las actividades edilicias de Salomón en Jerusalén duraron 20 arcos: 7 de ellos se dedicaron a la construcción del magnífico templo que le produjo gran fama (1 R. 6:37, 38), y 13 en levantar el palacio (7:1). Los arquitectos de Salomón y algunos de sus constructores eran de Tiro.

Los fenicios también le proporcionaron materiales para la construcción y para los muebles (5:1-18; 7:13, 14). Se construyeron nuevos muros para rodear la ciudad que había crecido mucho (9:15), aunque no se sabe si la Jerusalén de Salomón incluía alguna parte de la ciudad que más tarde se extendió al occidente del valle del Tiropeón, o si su ciudad estaba confinada a las 2 colinas orientales: la sudoriental, en la cual se encontraba la Ciudad de David, a la que también se le daba el nombre de Sión; y la nororiental, o Colina del Templo.

También llevó a cabo construcciones en Milo (9:15, 24; 11:27), que probablemente era una fortaleza especial, mencionada ya en tiempos de David (2 S. 5:9), ubicada en el costado septentrional de la antigua Ciudad de David (fig 278).

IV. Fracaso.
Salomón, como monarca oriental, amaba el lujo, y desgraciadamente puso en práctica muchos de los procedimientos de los déspotas del Oriente. Uno de sus errores más notables fue tomar como esposas a muchas mujeres extranjeras.

Esto lo arrastró a la deslealtad a Dios, que dio como resultado la fractura de su reino inmediatamente después de su muerte. Para satisfacer a esas mujeres construyó santuarios paganos en los que de vez en cuando él mismo fue a adorar (1 R. 11:1-13).

Otro error de Salomón consistió en aplicar al pueblo pesados impuestos por períodos prolongados. Su programa de trabajos forzados fue especialmente impopular y se convirtió en la causa más visible de la división del reino (12:4-16).

Uno de sus enemigos fue Hadad, de Edom, quien huyó a Egipto después de la victoria de David sobre los idumeos pero regresó a su tierra en la época de Salomón (1 R. 11:14-22, 25b).

Otro adversario fue Rezón, un jefe arameo de una banda de delincuentes, que se adueñó de Damasco* y fundó una dinastía; éste le produjo más problemas que Hadad (vs 23-25).

El más peligroso de sus opositores internos fue Jeroboam, un efraimita, jefe de un grupo de constructores empleados en el proyecto de edificación de Milo, en Jerusalén.

A causa de la apostasía de Salomón, Dios le prometió la mayor parte del reino. Infatuado con esto, cometió un error grave, como resultado del cual aquel procuró matarlo.

Pero Jeroboam huyó a Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Salomón, después de lo cual regresó para convertirse en el vocero de los insatisfechos trabajadores del reino y en rey de las tribus del norte (vs 26-40; 12:2, 3).

V. Vida religiosa y Actividad literaria.
Salomón comenzó como un gobernante profundamente espiritual, quien por sobre todo deseaba tener de la sabiduría suficiente como para servir a Dios y atender los intereses de su nación (1 R. 3:3-9).

Su oración y los consejos que le dio al pueblo en ocasión de la dedicación del templo ponen de manifiesto que estaba muy cerca del Señor (8:22-61).

Pero la riqueza y el lujo, y muy especialmente sus muchas mujeres, lo corrompieron de tal manera que finalmente llegó a ser idólatra (11:38). En la última etapa de su vida lamentó haber cometido tantas locuras, como lo revelan las declaraciones que formuló en Eclesiastés (Ec. 1:1, 12-17; 2:1-11).

Se lo conoció especialmente por su extraordinaria sabiduría, cuya fama trascendió los límites de la nación (1 R. 4:29-34) y que superaba, incluso, la de los egipcios (v 30), de quienes se ha logrado conservar mucha de su literatura sapiencial. Los 2 libros que lo presentan como autor: Proverbios y Cantar de los Cantares, más Eclesiastés -que aunque no lleva su nombre, por tradición se le atribuye, porque el cp 1:1 dice que su autor es "hijo de David, rey en Jerusalén"-, han preservado para todos los tiempos algunas de sus sabias declaraciones y algo de su inspirada filosofía.

Como algunos de sus proverbios manifiestan un estrecho paralelismo con las "Instrucciones (egipcias) de Amen-em-Opet", esto ha servido de argumento para afirmar que el autor de Proverbios los copió de esa fuente.

Pero dado que Salomón vivió en el s X a.C., mientras que Amen-em-Opet es del s VIII al VI a.C. (por lo menos 200 años después), hecha totalmente por tierra esa idea. De allí que sea más posible que Proverbios de Salomón llegara a Egipto, fuera corregido y vuelto a redactar por Amen-em-Opet para que tuviera la forma que presenta ahora en la versión egipcia.

Bibliografía: ANET 421-425.

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