Recursos y Materiales Cristianos Adventistas

Llevando vida en Cristo Jesús

Lectura del Libro, "Un Viaje a lo Sobrenatural". Capítulo 9, "Estudiando en Tiempo Prestado"

Martes a las 19 horas en punto, yo estaba en la residencia de la familia Grossé. El punto principal de nuestra atención seria la condición o el estado de los muertos.

Me encontré con que la Biblia es muy clara sobre este tema y proporciona respuestas a algunas de las preguntas, tales como:

¿Los seres humanos están dotados de la inmortalidad? ¿Pueden alabar los muertos al Señor?
¿Será que la esfera condicional de los muertos, constituye en una fuente potencial de conocimiento?

La respuesta a la primera pregunta vino con una clara y rotunda afirmación: Sólo Dios tiene inmortalidad (I Timoteo 6:15,16). En otras palabras, el hombre es mortal, así de sencillo.

El texto: "Los muertos no alaban al Señor, ninguno de los que bajan al silencio" (Salmo 115:17) NVI. Respondió a la segunda cuestión con la rapidez del relámpago. Se rompió en mil pedazos las enseñanzas religiosas de mi niñez.

La respuesta a la tercera cuestión comenzó a revelar a mí el amor y la justicia de Dios, en su trato con las criaturas como nosotros, pobres mortales. Eso es lo que encontramos en el libro de Job:

"Pocos son los días, y muchos los problemas, que vive el hombre nacido de mujer. Es como las flores, que brotan y se marchitan; es como efímera sombra que se esfuma...Si sus hijos reciben honores, él no sabe; si se les humilla, él no se da cuenta" (Job 14:1,2, 21) NVI.

Tuve una sensación de gran alivio después de leer estos pasajes y le dije a la pareja:

"Es bueno saber que nuestros seres queridos fallecidos no están en el purgatorio sufriendo, ni en el cielo mirando las tribulaciones de los que están en la Tierra, sino que todos ellos están durmiendo en la tumba hasta la mañana de la resurrección".

Fue entonces que el Espíritu Santo me dio la comprensión de que la muerte es lo contrario de la vida, un estado de completa extinción de la vida, un estado de inexistencia.

Ahora comprendía el concepto totalmente equivocado de que el hombre tiene un alma inmortal. Sobre todo después de leer el relato de la creación de Adán:

"Formó pues, El Señor Dios al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un alma viviente" (Génesis 2:7) RV 2000.

Entendí claramente que el aliento de vida es el medio atreves del cual Él vivifica y sustenta nuestra estructura física, y es a través de él que late el corazón, la sangre fluye, los pulmones se expanden y los miembros se mueven.

Y cuando Dios quita ese aliento, la vida cesa. Al declarar en las Escrituras, que el hombre llegó a "ser" un alma viviente, a diferencia de la creencia popular de que el hombre recibió un alma, Dios neutraliza todas las avenidas que Satanás y sus espíritus demoníacos podrían utilizar para desencaminarnos, pretendiendo ser y apareciendo como si fuesen los espíritus de seres queridos fallecidos, que supuestamente partieron para un nivel superior de existencia.

Cuando llegamos a la conclusión del estudio sobre el estado del hombre en la muerte, se abrió ante mí una nueva perspectiva sobre el carácter de Dios.

Profundamente impresionado ante la idea de que el mundo cristiano ha representado a Dios de una forma horrible.

Para entender y evaluar mi experiencia durante esa semana, usted necesita imaginar que nunca tuve, ni estudié una Biblia.

La alegría de la vida no es real donde, una vez que aprendes algo bueno para disfrutarlo, llega a la mente la idea de que mañana la muerte pondría poner punto final a todo.

Uno queda frente a frente con eternidad, pero "eternidad" ¿de qué? los otros no lo saben, solo yo.

Entonces un día, de una manera muy inesperada te encuentras con alguien con un libro en sus manos, escrito por el Dador de la vida, todas las preguntas que atormentaron tu mente durante años, ahora reciben una explicación inteligente y mucho más.

Descubrí que, a través de la doctrina de la resurrección, la Biblia abre el camino para que el hombre pueda alcanzar la inmortalidad.

"Fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta.

Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados.

Porque lo corruptible tiene que vestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible
se vista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito:

"La muerte ha sido devorada por la victoria." ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?" (1 Corintios 15:51 - 55) NVI.

Jesús, el Príncipe de la vida, cuando venga en su segunda venida en compañía de sus ángeles celestiales, concederá la inmortalidad a todos los que han hecho de él, su Señor.

Restaurará la vidas de aquellos que la perdieron por amor a Él, la Resurrección es el gran evento contemplado por los escritores sagrados como el objeto de su esperanza.

A pesar de que había sufrido la pérdida de todas las cosas por amor a Cristo, el Apóstol Pablo aún tenía esa alegría, poniendo su esperanza en la resurrección de los muertos (Filipenses 3:7,8,10,11).

Él dirigió sus pensamientos continuamente al cielo: "En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Salvador, el Señor Jesucristo.

Él transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso, mediante el poder con que somete a sí mismo todas las cosas.” (Filipenses 3:20,21) (NVI).

También me pareció interesante que Pablo al hablar de sus problemas en Asia, al punto de la desesperación de la vida misma, él confiaba en que Dios resucitaría a los muertos (2 Corintios 1:8-9).

Dijo que no esperaba encontrar al Señor en el momento de su muerte, como enseña la teología moderna, sino que pone su esperanza en la resurrección.

Al escudriñar en las Escrituras el tiempo señalado para que los justos reciban su recompensa y los malos su condena, descubrí que estas no se producen en la muerte, sino durante dos resurrecciones. Me maravillé con las palabras de Jesús:

“Más bien, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. Entonces serás dichoso, pues aunque ellos no tienen con qué recompensarte, serás recompensado en la resurrección de los justos." (Lucas 14:13,14) NVI.

Descubrí que Pablo dirigió su atención a la segunda venida de Cristo, cuando recibiría personalmente de Jesús aquello que él llamó como una "corona de justicia".

Para el final de su vida, este fatigado pero valiente soldado de la cruz, llevando las marcas en la espalda de haber sido azotado cinco veces, treinta y nueve azotes (2 Corintios 11:24).

Solo lo sustentaba sin embargo, la esperanza que tenía en la resurrección. Aunque entendiendo que en breve se presentaría ante la espada de sus torturadores, Pablo alzó la voz para dar un mensaje que infundiría coraje a muchas generaciones del pueblo de Dios, hablando del tiempo o el momento en el que todos recibirían la recompensa de la vida eterna:

"Yo, por mi parte, ya estoy a punto de ser ofrecido como un sacrificio, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe.

Por lo demás me espera la corona de justicia que el Señor, el juez justo, me otorgará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que con amor hayan esperado su venida." (2 Timoteo 4:6-8).

A través del estudio de la resurrección del cuerpo, todavía latente en el fondo mi mente, estaba la idea de que si los escritores del Nuevo Testamento creyesen que el hombre tiene un alma inmortal que va al cielo en la muerte, ellos seguramente mencionarían que Cristo traería esa alma de vuelta, en ocasión de su venida para juntarla a su antiguo cuerpo.

No encontré esta idea en ningún lugar, pero he encontrado muchos pasajes de las Escrituras que prueban lo contrario.

Por ejemplo, en el capítulo quince de 1 Corintios, Pablo habla mucho sobre justos muertos y la resurrección, habla en repetidas ocasiones que la gente que duerme se despertará cuando Jesús regrese.

El último punto de mi descubrimiento, de hecho, uno de los más impresionantes, sobre el tema de la resurrección se encuentra en la Epístola a los Hebreos, el undécimo capítulo habla de la fe del pueblo de Dios a través de varias épocas, citando sus pruebas y dificultades, su coraje y esperanza en la resurrección y la vida eterna, y como fueron sostenidos por la fe frente a la muerte misma.

"Otros, en cambio, fueron muertos a golpes, pues para alcanzar una mejor resurrección no aceptaron que los pusieran en libertad.

Otros sufrieron la prueba de burlas y azotes, e incluso de cadenas y cárceles. Fueron apedreados, aserrados por la mitad, asesinados a filo de espada.

Anduvieron fugitivos de aquí para allá, cubiertos de pieles de oveja y de cabra, pasando necesidades, afligidos y maltratados.

¡El mundo no merecía gente así! Anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas. Aunque todos obtuvieron un testimonio favorable mediante la fe, ninguno de ellos vio el cumplimiento de la promesa.

Esto sucedió para que ellos no llegaran a la meta sin nosotros, pues Dios nos había preparado algo mejor."(Hebreos 11:35-40) NVI.

"Si yo tan solamente pudiera tener esa linda esperanza de la resurrección y de la vida eterna, y vivir de acuerdo con ella" –pensé– Es cuando algo sacudió todo aquel entusiasmo que estaba creciendo en mi mente.

“¡Qué tontería: pensar que Dios me perdonaría el odio que había alimentado durante tanto tiempo contra él!

No, él nunca me perdonaría, Era mejor sacar de mi cabeza esa esperanza de la Vida Eterna.

Es más, me había asociado con los espíritus, Dios nunca me perdonará. Olvídalo Morneau, es demasiado tarde."

Sucedió que Cynthia leyó el texto final, que llegaría a la conclusión del estudio y que aconseja a todos los cristianos a vivir "en este mundo con justicia, piedad y dominio propio, mientras aguardamos la bendita esperanza, es decir, la gloriosa venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" (Tito 2:12-13) NVI.

Este pasaje me llevó a expresar mi agradecimiento a la familia Grossé por su amable disposición a estudiar la Biblia conmigo.

También mencioné que gustaría de poder vivir con la esperanza de ver la manifestación gloriosa del Señor, pero mi vida había sido tal que tornaba ese deseo imposible.

- Todavía hay esperanza -dijo Cynthia.- Tenemos un gran Sumo Sacerdote, Cristo el justo, que los ministra en nuestro favor en el Lugar Santísimo, en el santuario celestial.

Él vino y murió en la cruz del Calvario, para convertirse en nuestro Sumo Sacerdote. Es sólo por medio de él que podemos encontrar la salvación.

"Si ella sabría de mi relación con los espíritus, no diría que todavía hay esperanza -pensé.-

- Hay esperanza para usted -continuó.- Por supuesto que hay, en Jesús hay esperanza para cada uno de nosotros.

Hay esperanza mientras estamos vivos para pedir la ayuda de Jesús. Te voy a enseñar, entonces abrió la Biblia y leyó:

Jesús como sumo sacerdote"Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.

Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos" (Hebreos 4:15,16).

Tomé la Biblia de las manos de ella y dije: Déjame ver eso, Creo que lo que me impulsó a tomar la Biblia, fue el hecho de que el Espíritu de Dios estaba llenando mi mente con la esperanza.

Una vez, cuando servía a la Marina Mercante de Canadá, lancé una cuerda a un hombre que había caído al mar.

Él agarró la cuerda y se aferró fuertemente a ella. Ahora, sintiéndose igualmente perdido, vi una cadena de esperanza y rápidamente lo agarré.

Se estaba haciendo tarde y, por tanto, sugerí que Cyril hiciera una oración antes de despedirnos. Pregunté si podía volver para la noche siguiente y ellos aceptaron.

Entonces, después de la oración, me fui a casa. Mientras me conducía a casa, en el interior del tranvía, con las ruedas chirriando, las puertas abriendo y cerrándose ruidosamente, los pasajeros entrando y saliendo y el conductor anunciando los nombres de las próximas calles, miraba por la ventana con los ojos fijos en el pavimento.

Mis pensamientos se centraron totalmente en lo que Cynthia me había dicho, todavía podía oír el eco de sus palabras:

"Existe esperanza para usted, por supuesto que hay, en Jesús hay esperanza, para cada uno de nosotros. Hay esperanza mientras estamos vivos para pedir ayuda a Jesús."

Entonces una voz parecía susurrar en mi oído, diciéndome que hay esperanza para personas desesperadas e indignas, hasta incluso para adoradores de espíritus.

Treinta y dos años más tarde, los esposos Grossé, mi esposa y yo, nos encontramos en Toronto, Canadá. Poco después de mi experiencia de conversión, ellos se habían trasladado a los EE.UU. y desde entonces nunca más nos había visto.

Evocando los recuerdos de aquel otoño de 1946, Cyril hizo una declaración que me conmovió, porque vi la misericordiosa operación del Espíritu de Dios y de su amor para conmigo.

Cyril dijo: - Me casé hace unos meses, cuando comencé a recibir estudios bíblicos de Taylor Warren, pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Montreal.

Yo no tenía ningún problema en creer lo que decía, porque todo lo que hizo fue leer textos de la Biblia. Una noche, él me presentó la lección sobre el sábado.

Aquello me hizo recordar de un día, en Halifax [Provincia de Nueva Escocia, Canadá], cuando pregunté a mi abuela que, cuál era el día correcto de descanso.

- El estudio no me dejó completamente convencido en esa noche, sin decirle a nadie, oré a Dios, pidiéndole que me ayudase a creer en el sábado.

Le pedí que él me diese la capacidad de convencer tan sólo a una persona sobre el sábado, y yo lo tomaría como una señal de que Él quería que yo lo observase.

El lunes siguiente, fui a mi trabajo como de costumbre. Sin embargo, estaba inquieto y decidí dejar el empleo.

Habiendo oído hablar de una nueva fábrica que necesitaba de nuevos empleados con mi oficio específico, fui en aquella tarde a presentarme para una entrevista y para mi sorpresa, me dieron el empleo y un mejor salario.

Luego volví a mi antiguo lugar de trabajo y di el aviso requerido por ley.

- Por fin, llegó el día para empezar mi nuevo trabajo, esa mañana de lunes, tomé mi lugar junto a un empleado que tenía dos hábitos muy extraños.

En primer lugar, fumaba como una locomotora, estaba agradecido porque se podían abrir las ventanas. Otra costumbre era que cada vez que su máquina se paraba, me sorprendía con groserías increíbles.

- Me había olvidado de orar a Dios, pero Dios nunca se olvida de la oración de sus hijos. No podía imaginar que aquel joven que con quien trabajaría al lado pediría, incluso exigiría que yo estudiase la Biblia con él, a partir de esa noche.

Yo no sabía de los graves problemas que afectaban la vida de Roger Morneau mientras trabajaba con su máquina en aquella mañana, en Montreal, Canadá."

Esa noche, casi sin dormir, pocos días antes de conocer a Cyril, y aquella oración de una frase que hice temprano en la mañana, había visto sido considerada por el Dador de la vida, y que estaba dispuesto a darme la ayuda que más necesitaba.

Cuando Cyril oró a Dios, hablando de su necesidad de incentivo para guardar el sábado, y de su deseo de compartirlo con alguien, el Todopoderoso respondió con estas palabras: "Tengo exactamente la persona para ti."

Entonces el Espíritu Santo se puso en acción, haciendo que Cyril cambiase de empleo. Y cuando mi mente estaba siendo fuertemente presionada para tomar la decisión más importante de mi vida, Dios estaba allí para ayudarme.

Su Espíritu Santo ya había elaborado a la perfección todos los detalles, Estoy pensando específicamente en Harry, mi jefe judío, con su obsesión de saber a qué iglesia Cyril pertenecía y el pedido que me hizo para que le ayudara a averiguarlo.

Los temas bíblicos que estudiamos en la noche del martes me dio una visión general de las realidades eternas.

El Espíritu de Dios me bendijo con una certeza tal que no era necesario entrar en una investigación teológica profunda, cosas que hubieran requerido más tiempo para asimilarlo.

Por encontrarme a mí mismo en una situación de crisis, mi tiempo no era para que lo desperdiciase. Yo sabía que tarde o temprano tendría un enfrentamiento con los espíritus, la sensación que tuve fue que estaba viviendo con tiempo prestado.

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