Jonás, Libro de

Quinto de los así llamados Profetas Menores (véase CBA 4:1019-1021).

I. Autor.

La antigua tradición judía atribuye el libro a Jonás, posición uniformemente rechazada por los eruditos críticos modernos.

El libro no afirma en ninguna parte que Jonás sea su autor, pero un razonamiento por analogía -a partir del hecho de que otras obras proféticas del Antiguo Testamento llevan el nombre de su autor como título- suguiere que no hay razón válida para suponer que el libro de Jonás sea una excepción a esa regla.

Por supuesto que se puede considerar el título del libro sencillamente como el nombre de su personaje principal, pero eso no sería un desafío a su autenticidad.

II. Ambientación.

Sobre la base de ciertas palabras y expresiones arameas, muchos eruditos modernos han sugerido una fecha postexílica para el libro, aunque sin negar necesariainente su base histórica.

Sin embargo, descubrimientos recientes han demostrado que las palabras y expresiones arameas, supuestamente tardías, estaban realmente en uso siglos antes del tiempo de Jonás.

No hay evidencia objetiva para indicar que el libro no pudo haber sido escrito cuando el profeta vivía.

El uso del pronombre de la 3ª persona singular y plural en Jonás está en armonía con el estilo de otros profetas, tales como Isaías (véase Isaías 7:3), Jeremías (Jeremías 20:1-3), Daniel (Daniel 1:6-12), etc., y por numerosos otros escritores antiguos como Jenofonte y César.

De acuerdo con 2 Reyes 14:25, Jonás profetizó la restauración del límite norte de Israel durante el reinado de Jeroboan II.

En consecuencia, su ministerio puede ser fijado en la 1ª parte del s VIII a.C., quizá durante el principio del reinado de Jeroboam II (c 793-c 753 a.C.).

El versículo 25 aclara que Jonás llevó un mensaje a su pueblo así como llevó uno a los asirios en Nínive.

Durante 1 1/2 siglo el reino del norte había estado separado de Judá, y el curso de su historia se caracterizaba por apostasía y corrupción nacional cada vez más profundas.

El largo reinado de Jeroboam II tuvo un reavivamiento de la prosperidad y una extensión de las fronteras de Israel, que incluyó todo lo que había pertenecido al reino hebreo durante su edad de oro bajo David y Salomón, con excepción de Judá.

Jonás había descripto este estado de cosas, aparentemente como que Dios quería darle a la nación un período de favor como un atractivo para que regresaran al Dios verdadero.

Sin embargo, Jeroboam "hizo lo malo ante los ojos de Jehová" (versículo 24), al igual que sus sucesores, y unos 30 años más tarde el reino llegó a un desgraciado fin.

El libro de Jonás sin duda ha suscitado más críticas que cualquier otra porción de las Escrituras.

Desde el punto de vista humano, el relato es increíble, a pesar de recientes casos documentados parecidos, puesto que en el curso natural de los acontecimientos Jonás nunca hubiera podido salir con vida de su experiencia.

Sin embargo, la pregunta no es tanto si la de Jonás puede ser demostrada sobre una base científica, sino si Dios alguna vez actúa en forma sobrenatural para cumplir sus propósitos.

Para quienes aceptan a Jesucristo como el Hijo de Dios, su sencilla declaración de que el profeta estuvo "en el vientre del gran pez tres días y tres noches" (Mateo 12:39, 40) es documentación suficiente del milagro.

III. Tema.

El libro de Jonás difiere de los escritos de todos los demás profetas del Antiguo Testamento en que su único mensaje fue dirigido a los habitantes de una nación extranjera.

Además, la obra es de forma estrictamente narrativa, y no contiene un mensaje directo de Dios, excepto la orden de arrepentirse a los ninivitas.

Surge naturalmente la pregunta: ¿Por qué se le dio al libro de Jonás un lugar en el canon sagrado?

Sin duda la respuesta reside en que el relato contenía una lección valiosa para Israel.

En primer lugar condena el prejuicio intolerante de los patriotas hebreos que rehusaban admitir que los no israelitas pudieran ser incluidos en la salvación.

Ciertamente, no es probable que Jonás contara esta historia -que lo ponía en una situación por demás incómoda-, a menos que se diera cuenta de su error y sintiera que el informe de su experiencia podía ayudar a los demás israelitas.

Además, el libro enfatiza la gran misericordia de Dios, demostrada al preservar la vida de los marineros paganos (Jonás 1:15), al conservar la vida de Jonás a pesar de su desobediencia (1:17-2:10), al dar a los ninivitas una oportunidad de arrepentirse e impedir el castigo cuando se arrepintieron (Jonás 3:2, 10), y al mostrar paciente trato con Jonás (4:1-11).

La narración también revela los medios sencillos que Dios a menudo utiliza para realizar su voluntad (véase 1:4, 17; 2:10; 4:6-8).

IV. Contenido.

Algo parecido a la forma como apareció Elías el tisbita, Jonás surge repentinamente en la escena cuando Dios lo envía a Nínive a anunciar su destrucción (Jonás 1:2; lo que evidentemente era una invitación a arrepentirse; compárese con 3:5-10).

No queriendo ir como profeta a una ciudad extranjera y preocuparse por la conversión de sus habitantes, Jonás sale en dirección opuesta, hacia Tarsis (quizás el Tarteso clásico, en la costa sur de España), con la intención de "huir de la presencia de Jehová" (Jonás 1:2, 3) ante la aparente imposibilidad de la misión y la falta de perspectiva de que una población no israelita se pueda arrepentir.

Cuando el barco navega, tal vez en dirección norte y siguiendo la costa, se encuentra con una feroz tormenta que el capitán atribuye a la ira de los dioses contra alguien a bordo.

Echan suertes, lo que revela culpable a Jonás (1:7-11).

Con notable valor éste propone que lo echen por la borda para que la tormenta amaine y se salve el barco (versículo 12).

Esta demostración de valor físico está en agudo contraste con la cobardía moral de Jonás al intentar huir.

Aunque lo arrojan al mar, su vida es salvada por "un gran pez" (versículo 17) en cuyo vientre pasa los siguientes "tres días y tres noches":

un período de 24 horas más una parte no especificada del día anterior y del día siguiente.

Dios escucha la oración de arrepentimiento de Jonás, y el pez lo deposita "en tierra" (2:1, 10).

Es posible que ahora se encuentre frente a la isla de Chipre, tal vez unos 240 km más cerca de Nínive que cuando subió al barco.

Dios lo envía una vez más a la ciudad y él responde sin hacer más preguntas (3:1-3).

Los ninivitas se arrepienten y el Señor preserva a Nínive (versículos 4-10).

Pero extrañamente Jonás sigue sin amar a los ninivitas, y se enoja tanto porque aceptaron su advertencia que implora a Dios que lo deje morir (4:1-3); a pesar de la misericordia divina para con él mismo, se enoja por la que Dios tiene con los ninivitas.

Entonces, con una lección objetiva, Dios le muestra la locura de su actitud y justifica su decisión de salvar al pueblo de Nínive (versículos 4-11).

Su distorsionado sentido de los valores se hace evidente en su total indiferencia hacia los ninivitas y su enorme preocupación por la calabacera que se marchita.

Ante la pregunta de Dios: "¿Tanto te enojas por la calabacera?", contesta con energía: "Mucho me enojo, hasta la muerte" (versículo 9).

El relato concluye abruptamente con la afirmación de que la vida de los habitantes de Nínive son de un valor infinito comparado con el de la calabacera.