Ladrillo

hebreo: lebênâh.

El arte de hacer ladrillos era común y muy desarrollado en Egipto (Éxodo 1:14; 5:7-19) y en Mesopotamia (Génesis 11:3).

Los primitivos hebreos estaban familiarizados con ladrillos hechos de arcilla, ya sea secados al sol o quemados en un horno, aunque algunas de sus casas eran de piedra.

Los ladrillos de barro secados al sol se hacían con paja o sin ella, y constituían el material más extensamente usado en la construcción de las paredes de las casas, los edificios públicos y las fortificaciones en toda Palestina.

Evidentemente, los ladrillos cocidos rara vez se usaban en Palestina, aunque también se los empleaba en Mesopotamia (compárese con Génesis 11:3) para formar las capas exteriores de las estructuras públicas y hacerlas más durables.

Ilustraciones y textos antiguos nos dan un cuadro bastante completo de la fabricación de ladrillos, que resulta coincidente con la descripción de Éxodo 5:7-19.

Muchos ladrillos antiguos llevan estampado el nombre del rey durante cuyo reinado fueron fabricados, lo que nos da valiosas informaciones acerca de la edad de antiguos edificios y sus ruinas.

Las casas* ordinarias generalmente se construían con ladrillos secados al sol (adobes), excepto en regiones como la montañosa de Palestina, donde la piedra era muy abundante.