Rabí

griego: rhabbí; del hebreo y arameo rabbî, "mi grande [amo]", "mi maestro".

Título de respeto que usaban los discípulos al dirigirse a sus maestros. El posesivo "mi" pronto perdió su fuerza, y en el Nuevo Testamento sólo se la usaba como una forma de cortesía, generalmente equivalente a nuestro "señor".

Se aplicó a Cristo (Mateo 26:25; Marcos 14:45; Juan 1:38, 49; 3:2, 26; 4:31; 6:25; 9:2; 11:8; etc.) y a Juan el Bautista (Juan 3:26). Cristo aconsejó a sus discípulos en contra de codiciar o usar este título (Mateo 23:7-8).

En este pasaje rhabbí parece haber sido usado en un modo más restringido, como un título honorífico para los eruditos y los doctores de la ley, con la implicación posible de que siendo especialistas en la ley de Moisés, su interpretación de los deberes religiosos allí prescriptos era infalible y, por lo tanto, obligatoria.

El autor del 4º Evangelio interpreta la palabra rhabbí como didáskalos, "maestro", "instructor" (Juan 1:38). Véase Raboni.