Zacarías, Libro de

El penúltimo de los así llamados Profetas Menores; o de "Los Doce", como se los conoce según la clasificación judía.

I. Autor.
El profeta Zacarías (Zac. 1:1). Véase Zacarías 19.

II. Ambientación.
Zacarías, que tal vez también era levita y sacerdote, regresó con Zorobabel de Babilonia en el 536 a.C. (Neh. 12:16; cƒ Esd. 5:1; Zac. 1:1). Su ministerio profético comenzó en el 2º año de Darío I el Grande (Zac. 1:1; es decir, 520/519 a. C.), unos 16 años después que el 1er, contingente de exiliados regresó a Judea de Babilonia.

La última anotación cronológica que aparece en el libro corresponde al 4º año de Darío (7:1; 518/517 a.C.), pero es casi seguro que Zacarías vivió para ver el templo terminado en el 515 a.C., en el 6º año de ese mismo rey (Esd. 6:14,15).

Luego del decreto de Ciro, unos 50.000 judíos volvieron a Judea bajo la conducción de Zorobabel* (Esd. 1:8; 2:1, 2, 64, 65). Muy poco después de su regreso pusieron los fundamentos del 2º templo (3:1-10), y esta obra progresó en alguna medida durante el resto del reinado de Ciro (535-530 a.C.) y mientras Cambises gobernaba (530-522), a pesar de la oposición enemiga.

Pero con el tiempo las tareas cesaron casi por completo, principalmente como consecuencia de la constante oposición de los samaritanos y de los obstáculos que opusieron (4:1-5). El reino del falso Esmerdis, sucesor de Cambises (522), fue demasiado corto como para afectar la obra, y Darío I -el legítimo sucesor del trono, quien eliminó al impostor- dio órdenes precisas para proseguirlas.

Pero antes de que su decreto oficial otorgara nueva vigencia al original de Ciro que autorizaba la reconstrucción del templo (5:3-6:13), la gente, animada por los profetas Hageo y Zacarías, había comenzado a trabajar con todo entusiasmo (Hag. 1:2, 12-15; Zac. 1:1; Esd. 5:1) y prosperaban gracias a la bendición de Dios (Hag. 2:5, 15, 18, 19).

La obra avanzó rápidamente hasta que la reconstrucción del templo se terminó en el 6º año de Darío (Esd. 6:15). Los mensajes proféticos de Zacarías se dieron durante este período final de la obra (520-518), y su propósito consistió en infundir esperanza en las gloriosas posibilidades que se abrían ante los judíos que habían regresado del cautiverio, si eran fieles.

Después del cautiverio, Dios prometió renovar su pacto con Israel (Ez. 36:21-27, 34, 38; cƒJer. 31:10-38; Zac. 1:12-17; 2:12), y les ofreció concederles las correspondientes bendiciones (Jer. 33:4, 6-26; Ez. 36:8-15). Todo eso podía cumplirse sólo si su pueblo estaba dispuesto a cooperar (Zac. 6:15; cf Is. 54:7; Jer. 18:6-10; Ez. 36:11; 43:10, 11; Mi. 6:8; Zac. 10:6), y la futura edad de oro llegaría a su culminación con el advenimiento del Mesías.

Pero el fracaso de la nación en lograr los mínimos requerimientos de Dios quedó claramente en evidencia un siglo después, en los días de Malaquías (Mal. 1:6, 7, 12, 13; 2:2, 13, 14, 17; 3:7, 13; etc.).

III. Bosquejo.
Las profecías de Zacarías se podrían resumir de la siguiente manera: El 1º de sus 3 mensajes consiste en una serie de 8 visiones apocalípticas (Zac. 1:1-6:15) que describen simbólicamente la total restauración del pueblo elegido y que alcanzan su culminación con el advenimiento del Mesías.

El 2º mensaje (7:1-8:23) es una reprensión del pecado y una invitación a vivir una vida justa. El 3er mensaje (9:1-14:21) describe los acontecimientos finales de la historia, de acuerdo con el plan original de Dios para Israel, que incluye su gloriosa liberación de todos sus enemigos.

IV. Contenido.
En la introducción (Zac. 1:1-6), el Señor llama a su pueblo diciéndole: "Volveos... y yo me volveré a vosotros" (v 3). Los exhorta a que no sigan el mal ejemplo de sus padres en quienes, durante su cautiverio, se habían cumplido todas las maldiciones señaladas por la ley de Moisés como castigo por la desobediencia (Zac. 1:4-6; cf Dn. 9:11, 12). En la 1ª de la serie de 8 visiones apocalípticas (Zac. 1:7-17) Zacarías ve a un hombre que cabalga sobre un caballo alazán en medio de unos mirtos, seguido de otros caballos.

Se pregunta al Señor: "¿Hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén?" (v 12), y el Altísimo contesta que ha celado "con gran celo a Jerusalén y a Sion" y que está "muy airado contra las naciones" que tanto han oprimido a su pueblo (vs 14, 15); ahora se ha vuelto a Jerusalén con misericordia y el templo será reedificado (vs 16, 17).

En la 2ª visión la obra de las naciones que han oprimido a Jerusalén está simbolizada por 4 "cuernos", y los medios que el Señor empleará para reparar el daño hecho, por 4 "carpinteros" que aparecerán "para derribar los cuernos de las naciones" (1:18-21).

En su 3ª visión Zacarías ve a un hombre que lleva un cordel de medir (2:1-3), quien sale para "medir Jerusalén" (v 2) y trazar planes para su restauración.

La ciudad será habitada nuevamente (v 4), y el Señor mismo la protegerá de todos sus enemigos (vs 5-9); "Moraré en medio de ti" (v 10) y "se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día" (v 11). La 4ª visión nos muestra al sumo sacerdote Josué, en su papel de representante de los judíos que habían regresado de Babilonia, de pie, delante del ángel de Jehová, cubierto de "vestiduras viles" (cp 3).

Satanás lo acusa ante el Señor y afirma que es indigno. El Señor reprende a Satanás y promete a Josué -y por ende a su pueblo- un cambio de vestiduras (vs 2-4) si se dispone a andar en sus caminos y a honrarlo (v 7). Entonces el Mesías, "el Renuevo", vendrá e Israel vivirá seguro (vs 8-10).

En la 5ª visión (cp 4) Zacarías ve un candelabro de oro con 2 olivos a sus lados que dan aceite a las lámparas. Junto con la visión se le da un mensaje a Zorobabel asegurándole que el glorioso propósito de Dios se llevará a cabo "no con ejército ni con fuerza, sino con mi Espíritu" (v 6).

La época de Zorobabel es "el día de las pequeñeces" (v 10), pero un magnífico futuro se abre delante del pueblo. En la 6ª visión (5:1-4) Zacarías ve "un rollo que volaba": una "maldición" que entrará en las casas de quienes no estén a la altura de la norma divina.

El rollo que vuela es la voluntad revelada de Dios a su pueblo, especialmente su ley moral (v 4). La 7ª visión (vs 5-11) describe la manera como Dios se propone eliminar a los pecadores de los vs 1-4.

Zacarías ve un efa* (una medida de capacidad) con una tapa de plomo y con una mujer adentro; ésta, según se le dice, representa la "Maldad" (v 8) de los judíos impenitentes, a la que simbólicamente se lleva de nuevo a la tierra de Sinar (Babilonia). En la 8ª visión (6:1-8) Zacarías ve 4 carros tirados por 4 clases de caballos.

Estos, se le dice, son "los cuatro vientos [espíritus] de los cielos" (v 5) que han salido para "recorrer la tierra" (v 7) con el fin de verificar el cumplimiento del propósito de Dios para Israel. El Señor no va a abandonar a su pueblo hasta que se cumpla en su favor todo lo que se ha propuesto hacer.

Al concluir la 1ª sección de su libro, se instruye a Zacarías para que ponga simbólicamente coronas en la cabeza de Josué, el sumo sacerdote, como preanuncio de la venida del Renuevo, el Mesías (vs 11, 12), quien será sacerdote y rey (v 13). En sus días vendrán hombres de "lejos" para "edificar el templo de Jehová" (v 15). El gozoso futuro descrito en estas visiones simbólicas se materializará, dice el profeta, únicamente si el pueblo es obediente a "la voz de Jehová vuestro Dios" (v 15).

En el 2º mensaje (cps 7, 8) el profeta denuncia en primer lugar ciertas prácticas religiosas hipócritas, y declara que lo que el Señor pide de su pueblo es misericordia y piedad "cada cual con su hermano" (7:9), que es la esencia de la verdadera religión. Porque esto no se había manifestado, Dios permitió que su pueblo fuera al exilio (v 14) y languideciera por 70 años en Babilonia.

Pero él todavía tiene mucho celo por Sion (8:1, 2), y llevará a cabo sus propósitos con respecto a su pueblo (v 3): regresará a Jerusalén, lo traerá del cautiverio, lo hará morar con seguridad allí y lo volverá a aceptar como su pueblo elegido (vs 7, 8).

Por eso les dice: "Esfuércense vuestras manos" (v 9), sobre todo en lo que se refiere a su carácter moral (vs 16, 17), para amar la verdad (v 19). Si hacen esto, las naciones de la tierra acudirán rápidamente "a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén" (vs 21, 22). De todas partes de la tierra vendrá gente para reunirse con los judíos y dirán: "Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros" (v23).

El 3er mensaje se divide en 2 secciones, a cada una de las cuales Zacarías le da el nombre de "profecía" u "oráculo"; es decir, un mensaje solemne (9:1; 12:1). En el 1º de ellos Dios se propone derribar a los enemigos de Judá, atraer al pueblo a sí mismo y establecer el reino mesiánico (cp 9).

Refrigerará a su pueblo (10:1) y serán "como si no los hubiera desechado" (v 6; cf vs 8-12); es decir, como si no los hubiera enviado al exilio. El cp 11 constituye una solemne advertencia contra los falsos "pastores" o dirigentes, quienes han extraviado a la gente que debieron cuidar.

La 2ª "Profecía" u "oráculo" (12-14) bosqueja los acontecimientos finales de la historia como habrían ocurrido si Israel hubiera sido fiel (véase 6:15). El cuadro que se pinta se asemeja a la batalla de Gog y Magog a la que se refiere Ezequiel (38:39), y estos 2 pasajes constituyen el fundamento profético del cuadro de las últimas grandes batallas que se librarán al fin del tiempo: en el Armagedón (Ap. 16:12-16), y en la de Gog y Magog después del milenio (20:8, 9).

Tal como Zacarías describe la escena, "todas las naciones de la tierra" sitiarán Jerusalén (Zac. 12:2, 3), pero Jehová defenderá a los habitantes de la ciudad (v 8) y destruirá "todas las naciones que vinieren contra Jerusalén" (v 9).

Mientras suceda esto la gente aparentemente traspasará al Mesías libertador, y al darse cuenta de lo que han hecho llorarán muchísimo (vs 10, 11). Pero "en aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia" (13:1), y Dios purificará la tierra de sus ídolos y de los falsos profetas (vs 2, 3).

El Mesías será "herido en casa" de sus presuntos "amigos" (v 6), y como resultado de ello las ovejas -es decir, el pueblo- serán dispersadas (v 7). Las 2/3 partes de toda la tierra serán "cortadas en ella, y se perderán", pero la otra 3ª parte será metida "en el fuego" y se la refinará, y será el pueblo de Dios para siempre jamás (vs 8, 9). Son ante quienes se abrirá el "manantial" (13:1) con el fin de purificarlos del pecado y la inmundicia.

Después el Señor saldrá para pelear "con aquellas naciones" (14:1-3) que atacarán Jerusalén, y descenderá sobre el monte de los Olivos, que se partirá en dos, para constituir un gran valle (v 4).

En aquel día saldrán aguas vivas de Jerusalén (v 8; cƒ Ez. 47), "Jehová será rey sobre toda la tierra" (Zac. 14:9) y Jerusalén "será habitada confiadamente" (v 11).

La forma como Dios eliminará a los que, rechazando su invitación llena de gracia para unirse a su pueblo elegido, combatan contra Jerusalén, se describe en los vs 12-14, 17-19.

Y con el tiempo "todos los que sobrevivieron de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos" (v 16; véase CBA 4:1107, 1108).

En cuanto a la naturaleza condicional de las profecías hechas al antiguo lsrael (a lo cual Zacarías llama la atención; 6:15) y en qué medida se las puede aplicar al pueblo de Dios de los últimos días, dado que aquél malogró el cumplimiento de estas promesas, véanse Profeta (II); Pueblo elegido.